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Almería: el final de la gran cosecha
Texto: Helena Migueiz y Cristian Añó
Fotos: Raúl Montanós
Revista Integral número 272, extraído de http://www.terra.org/html/s/econoticia/reportajes/senalmeria2.html
La "huerta
de Europa". Así llaman a la extensión de invernaderos
que brilla en el litoral de Almería. Pero su brillo se está
apagando. Los problemas se acumulan y la herencia contaminada
está saliendo a flote.
En los años 50, los antiguos alpujarreños
almerienses por fin aprendieron el modo de arrancarle a la
reseca estepa del Poniente tres cosechas al año. Con estacas
y plásticos armaron cuatro invernaderos, que hoy se cuentan
por miles. La tierra se cubrió con arena sustraída de las
playas, única forma posible de aprovechar las salobres aguas
de los acuíferos, manantiales subterráneos de los que bebe
la provincia. El clima, el sol y el viento amables del sur,
hicieron el resto.
Hoy la huerta de Europa crece bajo un laberinto de plásticos
y Almería ha dejado de ser la tierra mísera que fuera antes
de los invernaderos, una árida estepa mediterránea de artos
y arbustos bajo cuyo paraguas de sombra se refugiaba la vida.
Casi nada queda de la estepa ni de los artos; del endémico
parral sólo se adivina la silueta en la estructura de los
invernaderos más viejos. Un verdadero milagro económico, sin
duda, pero con un coste medioambiental impagable. El mar de plástico
se ha bebido los acuíferos y devorado las playas para
alimentar el suelo de sus invernaderos; ha ocupado ramblas y
cauces; ha subido por los montes a más de 400 m de altura y
enterrado toneladas de plásticos y residuos orgánicos, que
siguen supurando pesticidas y abonos bajo la tierra.
ÍNDICE
1 Miles de toneladas de residuos al año
2 La encrucijada de 16.000 agricultores
3 El agua como factor limitante
4 La presión sobre los espacios naturales
5 Un esperado plan de ordenación territorial
7 Un modelo alimentario poco saludable
INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA
1. Almería en
cifras
2. Producción intensiva de residuos
3. Planta de recogida y transferencia de
residuos
4. Balance de un invernadero
5. El invernadero inteligente
6. La industria auxiliar
7. Contaminación de acuíferos
8. La gestión del agua
8. Desmontes: una violenta transformaciónel
paisaje
9. El papel del jornalero inmigrante
10. Control sanitario y LMR
11. Producción integrada y
ecológica
Miles de toneladas de residuos al año
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Los cultivos bajo plástico forman un
fructífero polígono industrial que, además consume
vorazmente recursos naturales y expulsa residuos. La
concentración de más de 26.000 de estas pequeñas fábricas
agrarias significa una catástrofe ecológica, como lo sería
cualquier complejo fabril de similares dimensiones. La
diferencia es que, a una actividad agrícola, se le presume
inocente de cualquier delito medioambiental y la herida
abierta en lo profundo de la tierra, en los acuíferos, es difícil
de ver. Paco Toledano, coordinador provincial de Ecologistas
en Acción en Almería, me enseña parte de lo que no se ve.
Me lleva a ver las Albuferas de Adra, dos lagunas que
confluyen en el delta del río Adra, declaradas reserva
natural. "Aquí habrá ahora 2.000 hectáreas de
invernaderos –los veo formar un collar asfixiante alrededor
de las lagunas-. Éstas son las aguas más eutrofizadas
–pobres en oxígeno– de la Península Ibérica pero, en
cambio, anidan en ellas más patos Malvasia –una especie en
peligro de extinción– que en cualquier otro lugar de
Europa. Es que así es la naturaleza, lo que mata a una
especie beneficia a otra".
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Contradicciones de la naturaleza y de esta tierra contradictoria donde
un sargento de la brigada de paracaidistas se alista a las filas más
combativas del ecologismo local, abandona el ejército y ahora trabaja
en el puerto de Adra. La siguiente parada es en el vertedero de ese
municipio. Lo que veo, en la cabecera de una pequeña rambla, es un
monumento faraónico a los residuos, rodeado de pequeñas charcas de
agua negra y pestilente. "En Adra había unos veinte vertederos
ilegales hasta que el ayuntamiento decidió, provisionalmente,
concentrarlos en éste". Lo provisorio se hizo definitivo y hoy una
manguera tiene que ir bombeando los lixiviados que produce esta montaña
de basura. "El ayuntamiento de Adra lo ha solucionado así; el
otro, enterrándolos. El alcalde de La Mojonera, por ejemplo, fue uno de
los instigadores de la llamada Noche de San Juan del año pasado. Sólo
el municipio de El Ejido se opuso a pegarle fuego a su residuos y es el
único que ha puesto en marcha un proyecto medio decente para
gestionarlos. Los ayuntamientos están tan desbordados por la situación
que la Junta de Andalucía se vio obligada a empezar el año 2001
desembolsando 1.000 millones de ptas en la organización de una operación
de limpieza de urgencia bautizada como Barrido Cero.
Sin mucha hambre, paro a comer en Puebla de Vícar: me espera hora y
media de coche hasta Laujar de Andarax, el primer municipio de Almería
que ha prohibido la construcción de invernaderos en su jurisdicción.
Me dirijo a la cantina de Vicasol, una de las grandes plantas
envasadoras de la zona, por indicación de una mujer en bata roja que me
cruzo en la calcinante carretera general. Desgrano el rosario de
letreros: suministros agrícolas, plásticos, rafias e hilos; piensos y
semillas, mutuas y cajas rurales... Vicasol es una de las grandes
cooperativas agrícolas de la zona, un verdadero enjambre de mujeres en
bata roja o azul.
La encrucijada de 16.000
agricultores
| Justo Sánchez aún recuerda que su única preocupación era no hundirse en las arenas movedizas del invernadero: "la plaga que se te metía y no arrancabas ni una sandía de la mata, el viento que se te llevaba plásticos y alambres y tú tenías que pagar igual la hipoteca". Hace 9 años, una dermatitis aguda y dos hospitalizaciones graves le obligaron a salir de El Ejido. "Decidimos que nuestra vida ya no estaba allí. Vendimos lo que teníamos, 22 años de trabajo, para empezar de cero. Ahí aprendí que la vida no es dinero". Hoy, Justo tiene viñedos de producción ecológica y es concejal del ayuntamiento de Laujar de Andarax, en las Alpujarras almerienses, donde nació, por dos veces. "Los agricultores hemos hecho barbaridades con los productos químicos. Pero lo más grave es que nadie nos avisó. No te lo bebas, decían, pero estábamos fumigando cada 3 ó 4 días y tú tienes que estar dentro: tú fumigando y atrás la familia recogiendo. Todas estas burradas se pagan, tarde o temprano. Europa ha pegado muchos palos. La suerte ha sido esa. Ahora se echan menos agroquímicos, la gente utiliza productos más ecológicos, las cooperativas se meten en producción integrada... Con Marruecos produciendo como le da la gana y a precios de risa, como hacíamos nosotros hace 15 años, no nos engañemos, para poder seguir viviendo ahí abajo hay que apostar por la calidad. Pero dile a alguien que cogía 100 toneladas que coja 40, que no se pueden sacar 60 quilos de una mata de tomate... El agricultor está aguantando allí lo que no sabe nadie. Mueve mucho dinero pero saca para vivir, y desde que tiene que pagar jornales, menos aún. Vive muy angustiado, que si entra el virus o el tomate de Marruecos. Y si tiene suerte, porque eso es una lotería, y gana dinero, mañana se engolosina y lo pierde. Quien quiera que lo viva". |
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En Almería hay unos 16.000 agricultores que se miran de reojo porque el
primero que mete la cosecha en el mercado se lleva la mejor tajada. La
mitad están asociados a una cooperativa o sociedad agraria de
transformación; la otra mitad va por libre y mueve sus cosechas a través
de las alhóndigas, donde se subasta el producto y se compra, por lo
general, a la baja. Entre ambas suman unas 200 comercializadoras, que
también se dan de codazos. Hoy voy a visitar una asociación de 80
cooperativas agrarias, Coexpahl, que les presta sus servicios (tiene el
primer laboratorio privado de análisis agrícolas del estado) además
de intentar convencerlas para que concentren la oferta. Me entrevisto
con su gerente, Juan Colomina, y creo estar ante el único personaje público
contento de hablar con los medios. "Si no nos unimos siempre
seremos la parte más débil en la negociación con las grandes
distribuidoras". Carrefour, Auchan y media docena más de cadenas
de supermercados francesas imponen la ley al productor estableciendo los
precios, planificando con ello la agricultura almeriense y convirtiendo
cada campaña en una ruleta donde es fácil ganar dinero pero también
perderlo porque los precios del tomate o del calabacín, como los
valores en la bolsa, cambian dos y tres veces en un mismo día.
"Esto es la cocina de Europa y hay que ir hacia un producto de
calidad, con un alto valor añadido. Aunque la mayoría no sea
ecologista, económicamente les interesa ser respetuosos con el
medio".
Las multinacionales aprietan y casi ahogan al pequeño empresario agrícola
pero, en contrapartida, han conseguido imponer los controles de calidad
europeos en el campo almeriense. Cada vez son más las cooperativas agrícolas
con certificado de calidad (de las 54 empresas españolas con sello
AENOR, 36 son de Almería).
El agua como factor limitante
Otra de las paradojas de Almería es ser
una de las provincias más áridas de toda España y vivir de una agricultura de
regadío. La mayor reserva de agua de la zona está bajo tierra, en los acuíferos
subterráneos, a los que se llega perforando pozos cada vez más profundos a
causa del agotamiento y salinizando de los niveles más superficiales. Una hectárea
de invernadero necesita una media de 5.500 m3 de agua al año. Al riesgo de
agotamiento y contaminación de los limitados recursos hídricos de Almería hay
que sumarle otro peligro, apuntado por Jesús López Gálvez en las Jornadas
sobre Agua y Sostenibilidad en el modelo productivo almeriense organizadas por
la red Nueva Cultura del Agua de Andalucía el pasado mes de mayo en Almería. Gálvez,
ingeniero agrónomo de la Universidad de Almería, anuncia: "Es de temer
una tendencia hacia una explotación del agua excesivamente liberal. Resulta
evidente la tendencia del Estado a declinar el ejercicio de sus
responsabilidades, que va delegando en comunidades de regantes invertebradas y técnicamente
poco asistidas".
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En Roquetas de Mar, el Benidorm almeriense, tengo
que encontrarme con Juan Romero, presidente de la Comunidad de
Regantes Sol y Arena, una de las más importantes de Almería. Sol y
Arena gestiona y distribuye el agua de 6.000 hectáreas de riego en el
Poniente. Romero es ex tesorero de los Verdes de Andalucía, ex
militante ecologista, antiguo compañero de Paco Toledano, que lo
acusa de "pasarse al enemigo": las Comunidades de Regantes,
y algunas de las grandes asociaciones agrarias a las que se vinculan,
son consideradas verdaderos lobbys de poder local. Todas las
predicciones apuntaban lo contrario pero Juan se presenta, a pesar de
todo, a pesar de tener que ir haciendo él mismo la ronda porque sus
15 trabajadores están en huelga y alguien tiene que abrir las llaves
de paso. Y declara, tan abiertamente como me confiesa que es
suscriptor de la revista, y cito textualmente: "que aquí la ley
va por un lado y la realidad por otra". Más que sorprenderme la
declaración me sorprende escucharla de su boca, pero así es esta
realidad de Almería: insalvable desde otra lógica que no sea la suya
propia. "Desde que en 1984 se declaró sobreexplotado el acuífero
de esta zona -habla de Campo de Dalias- las hectáreas de invernadero
se han duplicado; ya son más de 24.000, a pesar de la prohibición de
la Junta de hacer más sondeos y de aumentar el caudal de riego. A
partir de que esto empezó a ser rentable, la iniciativa privada ha
tirado del carro. Y la iniciativa privada ha ido muy por delante de
cualquier planificación de la administración. Aquí no se ha
planificado nada. Para empezar, no hay coraje político para llevar a
cabo esa medida y aplicarla, ni por parte de las Comunidades, que nos
plegamos a la voluntad del agricultor, ni por parte de la Junta de
Usuarios de los Acuíferos del Poniente, ni por la de la Confederación
Hidrográfica del Sur, órgano competente en el tema del agua".
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El paisaje al que llegamos es dantesco: 380 hectáreas
de monte convertidas en 380 campos de fútbol de tierra. Sólo la
alambrada del vecino campo de entrenamiento militar parece haber
puesto freno a las máquinas. El portavoz y la diputada de los Verdes
acusan a la Delegación de Medio Ambiente de mantener una actitud
absolutamente pasiva antes estos hechos. "Habría que paralizar
las obras, precintar las máquinas... Si yo fuera delegada, lo haría.
De denuncias y recursos estamos ya hasta el moño. Aquí lo que falta
es voluntad política para parar esto". José Cabello, portavoz
de la Asociación de los Amigos del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar,
parece más curado de espantos, con 68 invernaderos contabilizados
dentro del Parque. "Aunque, oficialmente, sólo se reconocen 12.
La buena noticia es que hace unos días, derribaron los dos
primeros". Una excepción que confirma la regla, puntualiza Paco
Toledano, nuestro anfitrión de Ecologistas en Acción: "por lo
general, cuando las autoridades van a precintar las máquinas o a
derribar el invernadero un piquete de vecinos, muchas veces convocado
por el alcalde del pueblo, impide que se lleve a cabo".
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Almería no acoge
La precariedad laboral en el campo
almeriense es otro claro exponente del descontrol administrativo y un polvorín
a punto de estallar dada la altísima concentración de trabajadores inmigrantes
(casi la mitad en situación irregular) existente en el Poniente. Según el
responsable de inmigración de la delegación de CCOO en Almería, Emilio
Asensio, sólo existen 6 inspectores para controlar el cumplimiento de la
legislación laboral, no sólo en los invernaderos (un sector de alto riesgo por
la manipulación de sustancias tan tóxicas como los agroquímicos) sino en el
resto de empresas de la provincia. El inmigrante vive de un empleo precario, por
lo eventual y discontinuo, y eso le impide cualquier tipo de arraigo y le impone
unas condiciones de vida indignas. De ahí la falta de integración y el
conflicto social que contribuyeron a los sucesos de El Ejido en febrero del
2000.
En El Ejido casi el 20% de la población es extranjera y, sin embargo, sólo
existe una asociación de ayuda al inmigrante, Mujeres Progresistas. No es
fortuito que esta asociación fuera creada en 1988 para defender los derechos de
la mujer almeriense en una sociedad donde la autoexplotación ha sido, durante años,
un medio de vida. En esta asociación, sólo trabaja una persona: Mercedes García.
Mercedes es profesora de Educación Física, 50 años, casada y con dos hijos.
En su rostro se refleja el cansancio que está a punto de llevarla a hacer las
maletas y empezar de nuevo en otra parte. "El ayuntamiento me tiene
asfixiada, a mí y a mi familia. Me embargan la cuenta por una multa de
aparcamiento, me cortan el teléfono... Se está creando una psicosis de
inseguridad y miedo a costa de los inmigrantes, alimentada por la televisión
local, que es la del señor Enciso -Juan Enciso, alcalde de El Ejido-, y por la
ignorancia y la incultura. Aquí no hay filtros democráticos, ni oposición política,
ni sociedad civil organizada, ni nada. Cada cual se toma la justicia por su mano
y las administraciones hacen la vista gorda".

Un modelo alimentario poco
saludable
Una de las denuncias más sentidas del Sindicato Obrero del Campo en Almería es
que la aplicación de productos agroquímicos en los invernaderos se hace sin
las mínimas medidas de prevención recomendadas en los envases y en los cursos
de manipulación de fitosanitarios, obligatorios si uno quiere solicitar algún
tipo de subvención pública. Los trajes de goma y las mascarillas se quedan
colgados y se llenan de polvo en el invernadero. "Si el patrón no les
compra ni un par de guantes de goma -ilustra su portavoz, Gabriel Ataya– como
les va a dar un traje". Hasta la entrada en el mercado común europeo,
incluso los propios agricultores almerienses admiten que se hizo un uso abusivo
de los fitosanitarios en los invernaderos, atentando contra la salud del
manipulador y del consumidor. Los avances en la lucha biológica han reducido la
aplicación de sustancias químicas, que son ahora menos tóxicas y persistentes
que en el pasado, para que dejen el mínimo rastro en los alimentos y en nuestra
salud.
Lo preocupante, según Nicolás Olea, médico investigador del Hospital Clínico
de Granada, es que más de la mitad de las sustancias químicas permitidas no se
han investigado adecuadamente. Los estudios realizados hasta ahora no contemplan
ni su efecto a largo plazo (más allá de 15 años) ni su actividad combinada,
en tanto que sustancias bioacumulables en las grasas y líquidos del cuerpo.
Algunos compuestos químicos como el endosulfán, utilizado aún en la
agricultura española o alemana, limitan la actividad hormonal y alteran el
sistema endocrino. Se les conoce como disruptores endocrinos y, según los
estudios realizados por Olea entre la población de Granada y Almería, pueden
ser causantes de malformaciones genitales en los niños y cáncer de
mama.
"Estamos convencidos que si tiene que ocurrir algo ocurrirá aquí antes
que en ningún otro sitio -prevé Olea-. Pero ¿que es lo que tiene que ocurrir?
Nosotros tenemos nuestra hipótesis pero estamos abiertos a cualquier sugerencia
de aquellos que, al parecer, saben más que nosotros, como los fabricantes de
fitosanitarios". Es una área de investigación médica que aún genera más
preguntas que respuestas por la dificultad de aislar las causas de las
disfunciones detectadas y por la resistencia de la industria química por asumir
responsabilidades sin una evidencia científica irrefutable. "La UE decidió
incluir el principio de precaución ante ciertas situaciones de incertidumbre
relativas a la salud humana y actuar preventivamente. Hasta ese momento el énfasis
se hacía en la demostración a posteriori del daño, demostración que llega
demasiado tarde, ya que las consecuencias pueden ser irreversibles". Para
el equipo de Olea la exposición a sustancias químicas con actividad hormonal
es un problema grave por dos razones: "la universalidad del fenómeno y el
hecho de que se trata de una exposición muchas veces inadvertida".
El mercado global puede hacer rico al agricultor almeriense en una campaña y
endeudarlo en la siguiente; la entrada de un país más al sur que el sur de
España puede hacer que la Gran Distribución dé la espalda a Almería. Frente
a esto, las asociaciones agrarias exigen unión entre los productores y que el
Estado defienda mejor sus intereses en Bruselas. El modelo productivo de la
agricultura intensiva da muestras, sino de agotamiento, al menos de haber
cerrado una etapa. Observar los LMR y ajustarse al concepto de calidad de las
grandes distribuidoras multinacionales son la huida hacia adelante del sector.
Ecologistas y expertos como Nicolás Olea, piensan que así sólo se atajan los
síntomas más visibles de un modelo alimentario que prima la cantidad sobre la
calidad, el beneficio sobre la salud. "En definitiva –concluye Olea–
parece que estamos cada vez más cerca de demostrar una asociación entre el
estilo de vida, lo que hacemos, lo que comemos, a lo que estamos expuestos en el
medio ambiente y el riesgo de padecer ciertas enfermedades como cáncer de mama
¿Qué hacer? Actuar preventivamente modificando la dieta y los hábitos,
optando por alimentos más saludables y un estilo de vida más natural".
Texto: Helena Migueiz y Cristian Añó
Fotos: Raúl Montanós
Información complementaria
Almería en cifras
La huerta de Europa es un
cultivo bajo plástico de 70 x 15 km donde se concentra la mayor
producción de hortalizas del mundo: la cosecha anual, unos tres mil
millones de quilos, tapizaría una autopista de Madrid a Barcelona.
Son casi 30.000 hectáreas de invernaderos repartidas entre 16.000
pequeños propietarios agrícolas. La mayor parte de los invernaderos
(si los pusiéramos todos en línea llegarían de Almería a Berlín)
se concentran en nueve municipios del litoral almeriense (El Ejido,
Adra, Roquetas de Mar, Vícar, Níjar, Berja y La Mojonera). En
algunos casos, como el de La Mojonera, más del 60% del municipio está
cubierto por invernaderos. De las 192.000 personas censadas como
población activa en 1999 por el EPA (Estudio de Población Activa),
115.000 están empleadas en la agricultura y sus industrias afines.
Descontados los alrededor de 20.000 inmigrantes en situación
irregular que trabajan como jornaleros, casi el 50% de la población
almeriense que trabaja vive de los invernaderos.
(Datos extraídos del estudio Almería madura, Almería podrida de
Mario Gaviria y David Baringo. Universidad Pública de Navarra.
Primera versión provisional febrero del 2001)
Producción intensiva de
residuos
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El problema que plantea el tratamiento
de los residuos en la agricultura intensiva almeriense es su
ingente cantidad, su diversidad y toxicidad. Se generan, al
año, 1.000.000 toneladas de restos orgánicos, con trazas
de pesticidas y abonos; 30.000 toneladas de plásticos y
6.000 más de residuos diversos. Los restos vegetales son un
auténtico foco de propagación de plagas y una fuente de
lixiviados, altamente contaminantes para el suelo y los acuíferos,
que van introduciéndose en la cadena
trófica: terminamos
comiéndonoslos, por ejemplo, a través del ganado que pasta
en campos sembrados de restos de cosecha. El plástico, al
no ser biodegradable, tiene que reciclarse y su tratamiento
se complica por el hecho de incluir restos de
fitosanitarios, que lo convierten en un residuo tóxico.
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| Biomasa residual | 29,1 tn |
| Plásticos para cubiertas | 1,05 tn |
| Envases de fitosanitarios | 66 envases |
| Lixiviados | 0,3 tn de agua y agroquímicos |
| Sustratos | 6-10 tn (lana de roca y perlita) |
Balance de un invernadero
En los últimos quince años la
productividad por hectárea (el 50 % de las explotaciones tienen una dimensión
inferior a una h) se ha duplicado mientras que la rentabilidad ha disminuido por
termino medio de un 16% a un 2,1%. En diez años montar un invernadero ha pasado
de costar 16.000.000 a 40.000.000 millones de ptas. El suelo, que se vendía
hace 40 años a 2 ptas/m2, hoy vale unas 3.000 ptas/m2, el más caro de España
(el más barato es el suelo de secano de Aragón, 38 ptas/m2). COAG, el
sindicato mayoritario de empresarios agrícolas en Almería, calcula que cada
agricultor debe una media de 20 millones de ptas al banco. En un año bueno el
agricultor puede sacar un máximo de ocho millones de beneficio.
Descenso de la rentabilidad: tasas internas de rendimiento en invernaderos en
Andalucía:
| Campaña | 90/91 | 93/94 | 98/99 |
| Inversión | 18.150.000 | 24.850.000 | 40.000.000 |
| Gastos corriente | 2.920.000 | 3.410.000 | 4.250.000 |
| Ingresos | 6.050.000 | 7.000.000 | 6.720.000 |
| TIR | 16,5% | 3,3% | 2,1% |
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La monumental extensión de los cultivos bajo plástico
alimenta una variopinta industria auxiliar: 77 empresas de semillas,
36 instaladoras de sistemas de riego, 35 empresas de transporte y logística
(Almería tiene, en proporción, la flota de camiones más numerosa
del mundo), 33 asociaciones empresariales y profesionales, 32
fabricantes de productos agroquímicos, 31 plantas de envases y
embalajes y 28 constructoras de invernaderos. Más de 200 cooperativas
y alhóndigas se encargan de canalizar la producción que, en su
mitad, se envía fuera de España: Alemania, Francia, Inglaterra y
Holanda absorben el 80% de las exportaciones. El valor estimado de la
producción total alcanza los 2.450 millones de euros anuales.
(Datos extraídos del estudio Almería madura, Almería podrida de Mario Gaviria y David Baringo. Universidad Pública de Navarra. Primera versión provisional febrero del 2001) |
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Desmontes: una violenta
transformación del paisaje
Desde 1997, se han tramitado un total de
171 expedientes sancionadores por actuaciones de roturación y desmonte de
terreno forestal. Aunque hay mas denuncias en fase de actuaciones previas a la
incoación. El Ministerio de Medio Ambiente ha constatado, mediante imagen por
satélite, cerca de 2.453 h inexistentes, es decir de las que no se tiene
registro oficial ninguno. Según los ecologistas, hay que considerar ilegales
todas las hectáreas invernadas (unas 18.000) desde 1984, año en que la Junta
de Andalucía declaró sobreexplotado el acuífero de Dalias y prohibió la
creación de nuevas superficies de regadío en la zona.

Fuente: Desmontes y roturaciones: situación en Andalucía. Comisión
agroforestal Ecologistas en Acción Almería.
Entre 40.000 y 50.000 inmigrantes, un 10% de la población, viven en Almería.
La mayoría son hombres solteros, entre 20 y 40 años, 20.000 de ellos en
situación irregular. Empezaron a llegar, masivamente, entre 1990 y 1995, cuando
los niños y las mujeres del Poniente dejaron de trabajar bajo los plásticos,
unos para ir regularmente a la escuela; otras para emplearse en la plantas
envasadoras (15.000 mujeres almerienses trabajan en ellas).
Los invernaderos, levantados con el duro trabajo de toda la familia, pasaron a
depender de la mano de obra inmigrante, marroquí en un 80%. Ha sido un cambio
significativo tanto a nivel sociocultural (en algunos municipios la población
inmigrante supone casi un 20% del total) como a nivel económico: la mano de
obra representa el 42% de los costes anuales de producción de un invernadero
(2.300.000 ptas menos de beneficio al año). Cálculos como éste hacen que el
antropólogo Francisco Checa afirme que los únicos costes que el agricultor
puede controlar a la baja para seguir teniendo margen de beneficio son los
jornales (Checa, Almería, ciudad cortijo). Algo similar a lo que los grupos
ecologistas denuncian respecto a las responsabilidades medioambientales: ante la
imposibilidad de recortar los costes de producción, el agricultor protesta y
presiona por el precio público del agua o de la gestión de residuos.
(Datos extraídos del estudio Almería madura, Almería podrida de Mario
Gaviria y David Baringo. Universidad Pública de Navarra. Primera versión
provisional febrero del 2001
Control sanitario y LMR
La cosecha de la primavera del 2001 se arruinó por culpa de las plagas, una
amenaza continuada para la agricultura de Almería: el clima benévolo, la
humedad y el calor constante del invernadero, más el caldo de cultivo de miles
de toneladas de residuos vegetales, suponen el paraíso terrenal para la mosca
blanca, el pulgón o la araña roja. En el 2001, se perdieron 50.000 millones de
ptas aunque se administraron, como cada año, 0,2 tn de fitosanitarios y 2,3 de
fertilizantes por hectárea bajo plástico. Un gasto de 700.000 ptas anuales por
hectárea que, sumadas, suponen el 20% de la inversión en fitosanitarios de
toda España. A pesar de ello, o quizás por ello, el control sanitario es ahora
muy estricto: el mercado europeo así lo exige y los agricultores lo han asumido
como requisito indispensable para ser competitivos. Una partida de pimientos
devuelta por dar positivo en esta versión agrícola del control antidopaje
hunde toda la campaña.
Los LMR (Límites Máximos de Residuos) fueron establecidos por la Comunidad
Europea y aplicados en España desde el año 1994 para controlar los restos químicos
presentes en los vegetales. Se miden en miligramos por quilo y establecen los
niveles máximos aceptables para la salud humana. Según Vicente Aparicio, jefe
del departamento de Sanidad Vegetal de la Delegación Provincial de Agricultura
y Pesca de Almería, estos niveles se establecen en función de las dietas tipo
de cada región comunitaria. Esta falta de armonización ha sido responsable, en
parte, de alguno de los últimos episodios de partidas almerienses devueltas por
Alemania. Los LMR tienen su origen en una lista de productos químicos
permitidos, que debían ser reducidos de 834 a 300 en el 2003. Más de la mitad
de esas sustancias están todavía por analizar.
Producción integrada y ecológica
En 1998 había en toda Almería dos empresas agrícolas, Arysol y Copronhnijar,
dedicadas a la producción integrada: entre ambas no sumaban ni 80 hectáreas de
superficie. Estas técnicas de producción requieren una alta especialización y
un gran apoyo técnico puesto que se basan en un continuado seguimiento del
desarrollo de la planta, recurriendo a la fauna auxiliar como método preventivo
de sanidad vegetal. Es la llamada lucha biológica, basada en depredadores
naturales de las plagas que no son nocivos para las cosechas y en la reducción
del uso de productos agroquímicos. Arysol desistió de su empeño en el 2000 y
se ha sumado a las 36 empresas que producen en Almería bajo algún certificado
de calidad.
Los sellos de calidad (AENOR o EUREP-GAP, el certificado impuesto por las
grandes distribuidoras como Carrefour) controlan el uso de fitosanitarios pero
no son tan restrictivos como los límites impuestos en la producción integrada.
La producción ecológica en el Poniente almeriense es anecdótica: para ver un
almendro ecológico hay que hacer 150 kilómetros hacia el norte de la
provincia. Y es controvertida: para quien entiende el concepto de ecológico en
un sentido íntegro y amplio, no puede ser ecológica una agricultura bajo plástico
que fuerza a tal extremo el ciclo natural de la planta. Es, además, una opción
difícil, casi ingenua, asumida a título personal: un invernadero ecológico
entre miles de invernaderos protegidos con armas químicas es, para las plagas,
como un restaurante con bufete libre. Sin contar que bebe de los mismos acuíferos
y respira la misma brisa que el resto.
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