LLAMAMIENTO A LA OPINION PUBLICA Y A LOS
REPRESENTANTES DEL PUEBLO
ATTAC
Impidamos el asalto de las transnacionales
sobre la vida
Consejo científico, junio de 1999
El asalto que en estos momentos se está realizando sobre la vida (en nombre
del “progreso” y de la “competitividad”) es una amenaza para nuestro
porvenir y para el de nuestro planeta. Con la ayuda de la biotecnología (instrumentalización
de lo vivo con el fin de obtener el máximo beneficio), el sector de las
semillas ha quedado, desde hace quince años, bajo el control de un puñado de
empresas transnacionales del sector químico-farmacéutico (Monsanto, Novartis,
DuPont, Zeneca, Aventis...). Estas multinacionales gobiernan la evolución de
la agricultura y, en gran parte, la de la alimentación, ya que el éxito de
las innovaciones técnicas en la agricultura depende de la manera en que las
plantas y los animales reaccionen a las manipulaciones genéticas.
Este factor genético ha permanecido hasta ahora, en gran parte, bajo el
control de la investigación agronómica pública. Las compañías
industriales que han impulsado la transformación de la agricultura en el
siglo XX (mecanización, abonos químicos, fitosanitarios) preferían que
fuera el sector público el que asumiera la tarea de adaptar las plantas, o
los animales, a sus innovaciones. Ni a McCormick ni a International Harvester
les interesaba consagrar una parte de sus recursos a la puesta a punto de
variedades de maíz o de trigo adaptadas a la recolección mecánica. Por
ello, en todos los países del mundo, la investigación agronómica pública
ha realizado esta tarea esencial de adaptación, en realidad dictada por la
agroindustria. Su papel principal -poco importa que todo esto se haya hecho en
nombre del interés general, incluso en el de los campesinos- ha sido el de
asegurar la eliminación de la explotación agrícola precapitalista. Su método,
la mejora de plantas y animales.
La mejora de las semillas, por útil que sea, no era una fuente directa de
beneficios: mientras las plantas y los animales se reproduzcan en las tierras
del campesino, el capital del seleccionador no puede reproducirse en su
balance económico. Pero la biotecnificación de la vida ha transformado
profundamente esta situación. Su privatización conlleva, lógicamente, la
privatización de la investigación pública. Los biólogos moleculares que
reemplazan a los agrónomos tradicionales ya no tienen los escrúpulos éticos
de estos últimos.
El objetivo final de estos nuevos "mercaderes de semillas"
transnacionales es el de impedir por todos los medios que las plantas y los
animales se reproduzcan en las tierras del campesino. Es decir, fabricar
plantas y animales que sean estériles de una u otra manera. Esto no es nuevo,
pero el capital que estos poderosos inversores han invertido en biotecnología
desde hace una quincena de años les conduce a exacerbar su presión para
confiscar la vida. Para que el capital viva, es necesario esterilizar lo vivo.
La mortífera política económica de nuestra sociedad, junto con la voracidad
financiera de los accionistas, impone ahora este objetivo con urgencia.
Terminator, la necrotecnología encuentra el nombre apropiado
De esta forma, la biotecnología Terminator (que Monsanto compró
inmediatamente) permite modificar genéticamente las plantas de manera que,
cuando alcancen la madurez, ellas mismas destruyan su propio germen. Se
introduce en la planta un sistema genético complejo (transgenes, es decir,
genes provenientes de otras especies) que funcionan con el mismo principio que
una mina antipersonal: un dispositivo de neutralización (un gen represor), un
detonador (un gen promotor) y un explosivo (el gen que produce la toxina
suicida). Terminator funciona así: antes de ser vendidas, las semillas se
empapan en un baño de tetraciclina -aunque existen muchos métodos de
activación- para “acerrojar” el sistema. En este momento, el detonador
(el promotor) entra en contacto con el explosivo (el gen que produce la
toxina). La llegada de la planta a la madurez pone en funcionamiento al
promotor, que a su vez pone en funcionamiento al gen productor de la toxina,
que mata al germen que se está formando. El grano que recoge el agricultor es
biológicamente estéril.
Como subraya el director de producciones vegetales del Instituto Nacional de
Investigación Agronómica de Francia (INRA), esta técnica -de la que se están
patentando múltiples versiones- “ permite de esta manera una captación
total de los recursos genéticos ”. La agricultura comenzó cuando
nuestros antepasados empezaron a guardar una parte del grano recolectado para
sembrar al año siguiente. Por ello, esta confiscación de la propiedad
fundamental de los seres vivos -reproducirse y multiplicarse- representa el
golpe de gracia a los campesinos y a la agricultura. Lo que la reemplazará
seguirá llamándose “agricultura”, de la misma forma que seguimos
llamando “ganadería” (e incluso subvencionamos) a las fábricas de cerdos
flotando sobre un mar de deyecciones. Así pues, algunas transnacionales están
adquiriendo, sin ningún control salvo el de los “mercados” a los que
ellas mismas dan forma, un poder exorbitante sobre nuestros recursos
alimenticios y sobre nuestras vidas, en los países industrializados y en los
del Tercer Mundo.
Patentes contra los campesinos y contra la agricultura
Terminator es una necrotecnología tan repugnante que la actual campaña
internacional para su prohibición quizás consiga ilegalizarla. Pero el árbol
no debe esconder el bosque. La utilización de patentes permite alcanzar el
mismo objetivo que Terminator. Los Estados Unidos son un buen ejemplo. Cuando
un agricultor norteamericano quiere utilizar semillas de Monsanto modificadas
genéticamente y patentadas debe comprometerse, por contrato, a no
sembrar el grano recolectado. Si el agricultor ha conseguido estas semillas
sin firmar ningún contrato, por ejemplo a través de vecinos, lo que es una
práctica habitual, Monsanto puede perseguirlo judicialmente, ya que estas
semillas están patentadas. Sin embargo, el agricultor tenía la seguridad de
que su costumbre de sembrar el grano recolectado era un derecho. Pero, según
Monsanto y la bioindustria, este derecho se aplica a las semillas obtenidas
mediante métodos ordinarios de selección, ¡y no a las semillas modificadas
genéticamente y patentadas!
De esta manera, la patente se vuelve contra el agricultor, contra la facultad
de plantas y animales de reproducirse, contra la vida y, por consiguiente,
contra cada uno de nosotros. De la misma forma que el Acuerdo Multilateral de
Inversiones (AMI) buscaba proteger a los inversores contra los riesgos económicos,
la patente, que hace a las plantas y a los animales legalmente estériles, los
protege de la desgraciada facultad de reproducirse que tienen los seres vivos.
Las patentes representan un estímulo formidable a la generalización de las técnicas
de transgénesis , en detrimento del trabajo de mejora de plantas y
animales con métodos disponibles y eficaces, pero excluidos, por ahora, de
privilegios particulares.
A título de ejemplo, Monsanto invita a los agricultores a denunciar a sus
vecinos “piratas” y pone a su disposición una linea telefónica gratuita
de delación. Las patentes son un Terminator legalizado, con la inmensa
ventaja de evitar a las transnacionales la realización de estas complejas
transgénesis de esterilización biológica, ¡y de hacer pagar al
contribuyente-ciudadano los costes de su propia expropiación! En resumen, las
patentes permiten, ellas también, “ una captación total de los recursos
genéticos ”.
La violación del ciudadano por parte de los Organismos Genéticamente
Modificados
Simultáneamente, el mismo sector de las semillas organiza la violación del
ciudadano, al que intentar imponer el consumo, sin contar con su
consentimiento, de productos provenientes de organismos genéticamente
modificados (OGM), que él rechaza. Y los rechaza por dos razones legítimas:
no le son de ninguna utilidad y le hacen correr riesgos a largo plazo. Los
científicos, en su gran mayoría, se oponen a la utilización masiva de estas
técnicas mal controladas, que no han pasado ninguna evaluación de sus
riesgos sobre la salud y que introducen en nuestro medio ambiente un nuevo
peligro: la contaminación genética de la cual, una vez el mal está hecho,
nadie sabe cómo deshacerse.
Fabricar quimeras genéticas, tales como las plantas-pesticidas o herbicidas
(dos tercios de los OGM actuales) significa acelerar el movimiento hacia una
agricultura y una alimentación aún más industriales, factores de la
progresión alarmante de enfermedades como la obesidad (una cuarta parte de la
población de los Estados Unidos), el cáncer y las enfermedades
cardiovasculares. Significa dar la espalda a la agricultura sostenible y al
respeto a la biodiversidad. Significa agravar la contaminación química.
Significa continuar con la anunciada destrucción de puestos de trabajo en la
agricultura y del extraordinario patrimonio que hemos heredado.
Una directiva europea contra la dignidad humana
Resulta inquietante que el Parlamento Europeo y el Consejo, actuando en el
marco del proceso de codecisión, hayan adoptado, en julio de 1998, una
directiva (98/44/CE) relativa a la “protección jurídica de las invenciones
biotecnológicas”. Los Estados miembros deberán adaptar su legislación a
esta directiva antes del 30 de julio del año 2000.
El 21 de octubre de 1998, el gobierno de los Países Bajos presentó un
recurso contra el Parlamento y el Consejo ante el Tribunal de Justicia de las
Comunidades Europeas, pidiendo la anulación de dicha directiva. Algunos de
los argumentos presentados por La Haya son de orden jurídico, pero también
hay argumentos de fondo. El recurso menciona en particular la violación de la
convención sobre biodiversidad y la violación de derechos humanos
fundamentales: “ Bajo el régimen de la directiva 98/44/CE, será posible
patentar elementos aislados del cuerpo humano. Una instrumentalización de
este tipo de la materia viva humana es un atentado contra la dignidad humana ”.
Italia, y Noruega -en calidad de miembro del Espacio Económico Europeo
(EEE)-, también han presentado recursos contra esta directiva, pero
argumentando principalmente que su adopción debería realizarse por
unanimidad, en virtud del artículo 235 del tratado CE, y no por mayoría
cualificada, según los términos del artículo 100 A de dicho tratado.
En estos momentos los servicios jurídicos del Parlamento y del Consejo están
elaborando para el Tribunal de Luxemburgo una memoria en defensa de la
directiva, confiando en que el Parlamento elegido el pasado 13 de junio no
piense retractarse de la decisión tomada en 1998. Según algunos funcionarios
esta acción traería consigo un embrollo político-jurídico. En cuanto al
gobierno francés, lejos de ser neutral, ha ordenado preparar una memoria de
defensa de la directiva al Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI)
y a la dirección de asuntos jurídicos del Ministerio de Asuntos Exteriores.
En ambos casos, se ha entregado el dossier a “técnicos”; los
cargos electos han sido mantenidos a distancia. Es de suma importancia que éstos
tomen cartas en el asunto y, esta vez, con pleno conocimiento de causa. Entre
otras razones porque la esperanza, apenas ocultada, de los defensores de las
patentes sobre la vida es que, como el recurso no es suspensivo, la directiva
ya haya sido transpuesta a las legislaciones nacionales en el momento en que
el Tribunal de Justicia haga pública su postura. Entonces ya será demasiado
tarde para dar marcha atrás...
La Comisión Europea, que había preparado el texto votado por el Parlamento y
el Consejo, tampoco se queda atrás. También va en auxilio de la directiva,
con una memoria presentada al juez de Luxemburgo. Ni la Comisión ni la mayoría
de los gobernantes de la Unión parecen darse cuenta de que están organizando
el asalto planetario de un puñado de transnacionales sobre la vida, es decir,
sobre nuestro porvenir biológico y sobre el de este planeta. ¿Acaso son
conscientes del carácter grotesco de la directiva 98/44/CE? De la misma
manera que el sol brilla en el cielo, las plantas y los animales se reproducen
y se multiplican. Esta es, incluso, la propiedad fundamental de los seres
vivos. ¡Qué desgracia! Tengamos cuidado: según esta lógica, pronto nos
obligarán a sellar nuestras puertas y ventanas para permitir a los vendedores
de velas luchar contra la competencia desleal del sol. Y todo esto, ¿para qué?
¡Para estimular las inversiones de un cartel de transnacionales
especializadas en quimeras genéticas que los agricultores y el público en
general rechazan!
Genoplante, o cómo el sector privado confisca la investigación pública
En todo caso, esta dimensión ha sido completamente ignorada por la dirección
del INRA y por sus ministros de tutela, que acaban de celebrar el “ matrimonio
de la informática y la biología ” lanzando con gran fanfarria el
programa Genoplante de “ fabricación de la propiedad industrial ”,
es decir, de patentes. El propio responsable operativo de Genoplante invita a
los investigadores a participar en “ la guerra económica ”. Este
programa, que va a disponer de dos plataformas tecnológicas (Evry y
Montpellier) y de un presupuesto de 1,4 millardos de francos (35 millardos de
pesetas) durante 5 años, asocia en una agrupación de interés científico (GIS),
llamada a transformarse en una agrupación de interés económico (GIE), a
organismos públicos de investigación (además del INRA, el CIRAD, el IRD y
el CNRS) y a empresas privadas. Todo ello en beneficio principalmente de éstas
últimas que, aunque solo pongan sobre la mesa el 30% de la financiación,
cuentan con mayoría en los órganos de decisión: el “comité estratégico”
de Genoplante lo forman el director general del INRA (que fue miembro del
consejo de administración de Rhône-Poulenc Agroquímica entre 1989 y 1994),
el director general de Rhône-Poulenc Agroquímica y el presidente de
Limagrain, que mantiene estrechas relaciones con Rhône-Poulenc.
Genoplante subcontratará una parte de sus trabajos mediante concursos públicos.
Los laboratorios a los que se habrá arrebatado una parte de sus créditos
para financiar el GIS deberán firmar contratos con dicha agrupación para
sobrevivir. Es la captación del servicio público de investigación por parte
de intereses privados. Los promotores de Genoplante están sustituyendo una
globalización no mercantil de los recursos genéticos y de los conocimientos
para el bien común de la humanidad por la cartelización mercantil y la
“guerra económica”. Nos encontramos frente a una formidable regresión.
Las transnacionales que se proclamadan de las “ciencias de la vida” han
declarado la guerra a lo vivo, a los agricultores y a los campesinos; han
declarado la guerra a la humanidad. Nosotros nos oponemos a estas amenazas
sobre nuestra libertad. Nosotros nos oponemos a que del campesino se haga un
“pirata”. Nosotros nos oponemos a la sociedad biototalitaria de las
transnacionales y de sus aliados. Nosotros nos oponemos a la desnaturalización
de los poderosos instrumentos de investigación fundamental de la
transgénesis.
Nosotros nos oponemos a esta guerra.
ATTAC demanda que el Parlamento Europeo y los Parlamento nacionales, a través
de sus Gobiernos :
- exijan a la Comisión y al Consejo de Ministros de la Unión Europea la
declaración de una moratoria sobre los organismos genéticamente modificados
(OGM).
- la ilegalización de las necrotecnologías de tipo Terminator.
- la presentación de memorias al Tribunal de Justicia de la Comunidades
Europeas para apoyar la demanda de anulación de la directiva europea sobre la
“protección jurídica de las invenciones biotecnológicas” efectuada por
los gobiernos de los Países Bajos, Italia y Noruega.
ATTAC demanda en particular a los diputados y senadores franceses:
- su intervención ante el Ministerio de Asuntos Exteriores para que
Francia presente al Tribunal una memoria contra la directiva, y no a favor de
ella.
- que exijan al ministro encargado de Investigación la parada de
Genoplante, cuyo objetivo es socializar los costes de la privatización de la
vida, y el despliegue de medios de investigación hacia una agricultura
sostenible, autónoma y campesina.
- que pongan en funcionamiento instrumentos de control democrático con el
fin de colocar el poderoso instrumento de investigación biotecnológica al
servicio de la vida, no de la muerte.
- que pidan al gobierno francés, a la Unión Europea, y finalmente a la
Organización de las Naciones Unidas, la solemne proclamación de un nuevo
derecho humano: el derecho sobre la vida y los recursos genéticos en tanto
que bien común de la humanidad, inapropiable por naturaleza y por cualquier
otro medio.